Sin Redundar

Por Carlos Avendaño.

Flor Emilia Guerra: naufragando sin brújula en la Secretaría de PescaFlor Emilia Guerra, flamante secretaria de Pesca y Acuacultura de Sinaloa, recibió su nombramiento como quien gana un premio sin siquiera comprar boleto. Alguien decidió que era buena idea ponerla al frente de un sector tan estratégico como olvidado, y aquí estamos, viendo cómo se hunde sin siquiera haber zarpado. Porque rondar por la orilla de la costa no te convierte en capitana del barco. Y eso nos ha quedado por demás que claro con su desempeño: improvisación, desconocimiento, ausencia de rumbo y un sector pesquero a la deriva, que no ve programas definidos, ni avances concretos, ni mucho menos resultados. La pregunta que flota entre las redes y las pangas es inevitable: ¿Cómo es que llegó Flor Emilia a esta Secretaría sin tener la más mínima noción del timón que le tocaba sostener? La respuesta es por demás que sencilla de lo que parece: fue un regalo político de Rubén Rocha Moya, otro nombramiento por cuotas y lealtades, no por capacidades ni trayectoria en el sector. En tiempos donde el Bienpesca no alcanza ni para cubrir los costos más básicos de una temporada; donde los programas están congelados, los apoyos desaparecidos y la productividad pesquera más débil que nunca, lo mínimo que se esperaría, sería una titular que entienda las mareas del Pacífico. Pero no. Aquí se gobierna a la vista y a la paciencia del desastre. Los ribereños están cansados, los acuacultores frustrados, y Flor Emilia sigue más perdida que una boya en la tormenta. Sin brújula, sin mapa y sin equipo, su administración parece más una pasantía política que una gestión seria y comprometida. ¿En dónde están las propuestas para un desarrollo sostenible? ¿En dónde están las acciones para enfrentar la crisis del sector? ¿En dónde está la voz firme ante la Federación para exigir apoyos reales? En ninguna parte. Porque esta Secretaría se convirtió en un puerto sin actividad, en un muelle sin barcos. El balance es tan triste como indignante: una titular sin rumbo y un sector que sobrevive a fuerza de voluntad propia. Y como bien dicen los pescadores, “el que no sepa remar, que no se suba a la lancha”…

María Inés Pérez: bienestar sin humildadEgocéntrica, déspota y totalmente desconectada del “sentido social” que se supone debería encabezar. Así es el retrato -no oficial, pero sí ampliamente compartido- de María Inés Pérez, la funcionaria que lidera la Secretaría de Bienestar en Sinaloa… aunque de “bienestar” no le queda ni el eslogan. Sus gestos hablan más que sus palabras, y sus acciones, más que cualquier boletín. Una funcionaria que parece confundirse entre el poder y la arrogancia, entre el cargo y la vanidad. Porque eso sí, cuando se trata de dar la cara, la secretaria se esconde detrás de eventos protocolarios, pero cuando se trata de imponer su voluntad, ahí sí no falla. No es solo percepción: son hechos. La comunidad de desplazados en el norte del estado la ha tachado de ambiciosa, traicionera y hasta de ratera. Y la palabra “ratera” no la dijeron entre dientes, la gritaron con megáfono en mano. Porque mientras las carencias persisten, la Secretaría presume haber gastado más de 73 millones de pesos en cobijas y despensas, pero ni un solo peso en infraestructura o soluciones reales. ¿Dónde están las casas prometidas? ¿Dónde están los caminos, los techos, los servicios? En ninguna parte. Pero eso sí, las despensas de cartón con logotipos oficiales no faltan, como si con eso pudieran comprar dignidad. Internamente, tampoco canta mal las rancheras. María Inés, trata a su equipo como si estuvieran ahí para rendirle pleitesía. Los testimonios de maltrato, desprecio y soberbia, corren por los pasillos de su dependencia como chisme de café, pero con más verdad que exageración. ¿Qué clase de política social se puede construir desde la arrogancia? Ninguna. Porque el bienestar no se impone, se construye. Y no con prepotencia, sino con empatía. Pero ya sabemos: en la 4T hay quienes hablan de pueblo, pero viven como virreyes. Y María Inés, parece formar parte de esa élite que olvidó por completo que el servicio público es eso: servicio, no pedestal…

Estrella Palacios: la alcaldesa que huye de su propia agenda (y de la violencia). En Mazatlán ya no sorprende que la alcaldesa Estrella Palacios Domínguez cancele eventos de última hora. Ya es una costumbre, un hábito, una especialidad. Lo que sí sorprende es que nadie en su equipo tenga la decencia de inventarle pretextos un poco más creativos. La semana pasada, por ejemplo, tenía agendado un recorrido de supervisión de unas obras, pero curiosamente ¡oh casualidad! decidió no aparecer justo después de un ataque armado a solo unas cuadras, mismo que dejara a un civil muerto y a un policía baleado. ¿Coincidencia? Claro que no. Esto ya parece estrategia. La presidenta municipal no solo no reconoce el problema de inseguridad, sino que directamente le huye. Y no estamos hablando de un bache o de falta de luminarias. Estamos hablando de tres muertos en tan solo una semana, cuatro ataques a motociclistas y la desaparición de una familia completa del Infonavit Jabalíes. Todo esto en los últimos días. ¿Y la alcaldesa? Bien, gracias o al menos bien escondida. La Policía Municipal, bajo el mando de Jaime Othoniel Barrón Valdez, tampoco da señales de control. La violencia crece y la autoridad se achica. Estrella Palacios, parece más preocupada por quedar bien en las redes sociales que por dar la cara cuando la ciudad más lo necesita. Y no es la primera vez. Cada que se tiñe de rojo el puerto, la agenda se borra mágicamente. Lo que queda es una estela de ausencia, de silencio institucional, de evasión profesional. Mazatlán no necesita una influencer con cargo público. Necesita una presidenta municipal que sepa gobernar y no que desaparezca con cada balazo…

De la Mesa de Seguridad… al cajón de los calcetines: el naufragio exprés de AhomeQué lejos quedaron los días en que Ahome sacaba pecho y presumía músculo con su famosa “Mesa de Seguridad”, un aquelarre institucional que, aunque más show que estrategia, al menos servía para posar en la foto. Pero bastó que destituyeran al todopoderoso Gerardo Vargas Landeros -el 2 de mayo, fecha para enmarcar- para que el municipio se viniera abajo como edificio sin cimientos. Ahora la “mesa” la preside la directora del DIF. Sí, leyó usted bien. Nada contra la buena señora, pero si eso no es un downgrade de proporciones bíblicas, no sabemos qué lo sea. Pasamos de mesas de seguridad a mesas de té. Los accidentes viales reventaron la estadística con más de 200 choques en mayo, lo que haría palidecer a cualquier delegación del Tránsito. Y mientras tanto, los robos en colonias como Los Virreyes ya no se cuentan, se padecen. Pero no hay problema, dicen desde el palacio municipal: “son casos aislados”. Claro, igual que los socavones en la Línea 12. Y si de improvisación se trata, el nuevo gabinete de Antonio Menéndez es un insulto a la administración pública: un contador como director jurídico, como si con saber de IVA ya se pudiera interpretar la Constitución. Parece que en lugar de un gabinete eligieron nombres al azar de una tómbola del carnaval. La receta es vieja pero efectiva: destituye al alcalde incómodo, reparte cargos entre cuates, abandona la seguridad, y luego ensaya discursos huecos sobre “cercanía con el pueblo”. Lo que era uno de los municipios más seguros de Sinaloa, ahora es una tragicomedia de improvisación, favores políticos y caos. ¿Y lo peor? Que esto apenas va empezando…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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